Susana Sierra Álvarez y la corrección de textos dramáticos

Entrevistamos a Susana Sierra Álvarez, autora de nuestro último lanzamiento, Guía para corregir textos dramáticos.

Con motivo del Día Mundial del Teatro y de la publicación de su nuevo libro, Susana Sierra Álvarez nos explica en esta entrevista cómo escribió esta guía acerca de la corrección de textos dramáticos, única actualmente en el mercado editorial.

Cubierta de libro y retrato de Susana Sierra

Haznos una introducción sobre Guía para corregir textos dramáticos.

Cuando los correctores se enfrentan por primera vez a un texto dramático se suelen ver muy perdidos, pues la norma va por un lado, el uso por otro y las preferencias de las distintas editoriales por una infinidad de caminos. Este libro es un manual que pretende dar herramientas a los profesionales encargados de que los textos dramáticos cumplan con el más alto nivel de calidad, es decir, a los correctores y editores.

El vértigo es grande cuando llega en la mesa un texto dramático y se comprueba que las marcas propias del género varían según ediciones, que su vocabulario a veces es peculiar, que la estructura no es la esperada, etc.

Esta guía presenta las distintas normas, el uso, la multitud de variaciones, los problemas que se pueden encontrar si son traducciones o textos en verso… Se utilizan ejemplos y se dan alternativas y soluciones para que, a la hora de tomar decisiones, el corrector, tanto de estilo como ortotipográfico, o el editor tengan una base que les permita trabajar con tranquilidad y estén seguros de que el resultado será un texto con criterio, sin errores y bien resuelto.

¿A quién va dirigida esta guía, además de correctores?

Además de correctores, a los editores. Para ellos puede ser una ayuda muy interesante para confeccionar su libro de estilo para textos dramáticos, de manera que todos los títulos de la colección sigan los mismos criterios.

Para los dramaturgos, tanto autores de teatro como adaptadores, puede ser una ayuda valiosa, pues es una perspectiva distinta, pegada a la base misma de la estructura de la lengua y a cómo se organizan las peculiaridades propias del género, que complementa a la que se enseña cuando se aprende a escribir teatro y que puede solucionarles problemas básicos.

A los traductores les supondrá un complemento que les dará claves que ayudarán a que la traducción no sea una transcripción en cuanto a cómo se ponen los personajes, cómo van acotaciones… y muchas otras cuestiones, pues cada lengua posee sus propios códigos de referencias que no suelen ser equivalentes.

¿Qué te llevó a escribir este libro?

La necesidad de recoger y ordenar las distintas normas e indicaciones que aparecen dispersas en muchos manuales. En ortografías, manuales de ortotipografía, tratados de tipografía, etc. se hacen referencias a las marcas propias del texto dramático, pero de manera dispersa y no sistematizada. Son, además, contradictorios entre ellos y con el uso que se da en las editoriales. Es un cierto caos que no ayuda, sino que crea problemas para quienes deben revisar estos textos.

En mi trabajo echaba de menos una norma que me guiara y poco a poco iba aumentando mi recopilación de casuística e indicaciones. Investigué y no encontré un manual que se dedicara en exclusiva a los textos dramáticos. Pensé que otros correctores seguro que se enfrentaban a los mismos problemas que yo y que era necesario que alguien se fijara en el texto dramático desde su perspectiva, con el mismo rigor con el que se tratan textos de narrativa, poesía, jurídicos o médicos, por ejemplo. Y me puse a trabajar.

¿Por qué crees que no había aparecido antes un libro como el tuyo?

Quizá porque no se la ha dado la importancia que merece. Es cierto que una de las grandes riquezas del texto dramático es que es un texto vivo, que cada vez que un dramaturgo lo versiona o un actor lo dice, cambia y eso condiciona cada edición de una versión nueva. Pero eso, que forma parte de su esencia, no debe ser la excusa para que no se cuide la edición en todos sus extremos. En las grandes editoriales el teatro es una parte de la sección de clásicos, las editoriales pequeñas luchan para colocar sus libros de autores contemporáneos a un público reducido. Excepto los grandes títulos y los que exigen leer en bachillerato o las filologías, que se reeditan una y otra vez, hay multitud de obras de autores estupendos que no se han reeditado desde hace años, y hablo de Jardiel Poncela, de Mihura… incluso de Lope o Calderón, que hay que rescatar de ediciones muy antiguas y en ocasiones poco rigurosas.

Así que son las dos cosas, seguramente, que se lee poco y que no hay mucho interés por editar y reeditar.

¿Tardaste mucho en escribirlo al no tener una referencia anterior o esto fue una ventaja?

Tenía ya bastante material acumulado de mis años como correctora, por lo que acudir a las fuentes no fue muy trabajoso. Por otra parte, redactar de cero es complicado, pues no hay una referencia de autoridad para todo y hay que hacer una labor de exégesis en muchas ocasiones. Así que creo que en algunos aspectos fue una desventaja, pero en otros, como la búsqueda de información y de textos que sirvieran de ejemplos fue un estímulo que disfruté mucho.

Al compaginarlo con mi trabajo de correctora y redactora tardé algo más de lo que pensaba, hecho que me dio la oportunidad de ser también más reposada, leer y releer lo escrito muchas veces y poder ir añadiendo aportaciones valiosas que surgían por parte de profesionales de la escena, incluidos actores, autores y estudiosos especializados en teatro.

Imagen de cubierta

¿Por qué crees que se descuidan los textos dramáticos, como mencionas en las primeras páginas del libro? ¿Por qué crees que este género parece el hermano pequeño de la literatura y la poesía?

Porque cuando hay tanta variabilidad a la hora de presentar los personajes, las acotaciones, se descuida la versificación en las versiones, no importa que la traducción no esté pulida ni que la revise un corrector…, que cada editorial haga de su capa un sayo… la impresión es que con el teatro vale todo y, cuando vale todo, nada vale. Y no solo debería cuidarse cuando aparece como libro, la labor de revisión del texto debe estar ya en la versión del dramaturgo que se entrega a los actores para los ensayos. Parece no solo el hermano pequeño, sino el hermano desaliñado, y eso no puede ser. Que sea un género inconformista, cambiante y con características muy determinadas radicalmente distintas a cualquier otro tipo de ficción es un valor, sin embargo parece una excusa para que aparezca de cualquier manera.

¿Cómo encuentras al teatro en la actualidad (la  industria, el público, la publicación de textos teatrales)?

El teatro vive en una contradicción. Por un lado hay grandes compañías que hacen producciones con un gran presupuesto y, por otro, pequeñas que con uno o dos actores llenan salas con poco aforo o hacen microteatro. En medio, hay compañías que hacen producciones medias que oscilan entre lo comercial y lo abiertamente arriesgado, con un gran abanico de oferta. Es un panorama muy rico, hay mucho talento. Muchos escritores que hacen propuestas muy interesantes, directores con una visión contemporánea fabulosa, actores estupendos muy bien formados. Y, a pesar de la crisis y de la tremenda cuestión del IVA cultural, los espectadores han seguido apoyando al teatro. Como desde hace muchísimo tiempo, el teatro es un muerto muy vivo.

¿Cuál es tu vinculación con el teatro? Sabemos que eres licenciada en Arte Dramático por la RESAD, pero cuéntanos un poco más sobre tu experiencia con el teatro.

Me licencié en Filología Hispánica en León y allí me inicié en el teatro con un grupo aficionado. Hicimos cosas muy divertidas y aprendí un montón, pues todos hacíamos de todo y lo mismo eras actriz que cosías una tela o cargabas con un foco. Acabada la carrera ingresé en la Real Escuela de Arte Dramático (RESAD) de Madrid, en la que me licencié en Interpretación, que entonces era la única especialidad. En el último curso empecé a trabajar como actriz profesional e hice una obra de Lope, dos de Calderón, Ligazón de Valle-Inclán…, entre otras, luego trabajé unos años en dos compañías haciendo producción, distribución y organicé dos campañas escolares. De estudiante en la RESAD ya revisaba y redactaba textos, esta actividad siempre la compaginé con las otras y, al final, fue la que se impuso y a la que me dedico en exclusiva desde hace veinte años.

Guía para corregir textos dramáticos ya se puede adquirir en nuestra página web.

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